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D√≠a del libro 2024 ūüďö Las grandes mujeres en la literatura

D√≠a del libro 2024 ūüďö Las grandes mujeres en la literatura

Cuando Virginia Woolf dict√≥ en 1928 su conferencia en Girton College¬† sobre las mujeres y la escritura - que m√°s tarde se publicar√≠a con el nombre de Una Habitaci√≥n Propia - se lament√≥ por la falta de representaci√≥n de personajes femeninos fidedignos en la historia de la literatura. Al ser el g√©nero masculino el que ten√≠a acceso a la escritura y publicaci√≥n, aquel sesgo empa√Īaba la √≥ptica con la que se escrib√≠an a las mujeres en la historias, siempre vistas por alguien m√°s y no por s√≠ mismas.¬†

¬†‚ÄúEs raro pensar que las grandes mujeres de las novelas fueron, hasta los d√≠as de Jane Austen, no s√≥lo vistas por el otro sexo, sino vistas exclusivamente en relaci√≥n con el otro sexo. Y qu√© peque√Īa parte de la vida de una mujer es esa, y qu√© poco puede entender un hombre cuando √©l la observa a trav√©s de los anteojos negros o rosados que el sexo le coloca sobre su nariz‚ÄĚ.¬†

Pero, entre las escritoras que se vieron obligadas a seguir y repetir un modelo preestablecido que no las representaba, Virginia Woolf encontró dos excepciones: 

‚ÄúS√≥lo Jane Austen y Emily Bront√© lo hicieron. Este es el otro m√©rito, quiz√°s el mejor de los que tienen. Ellas escrib√≠an como escriben las mujeres, no como lo hacen los hombres. De las miles de mujeres que escrib√≠an novelas entonces, s√≥lo ellas dos ignoraron las admoniciones del eterno pedagogo: escribe esto, piensa aquello. S√≥lo ellas fueron sordas a esa persistente voz, ahora rezongona, ya protectora, ya tir√°nica, ya herida, ya escandalizada, ya paternal, ya enfurecida, esa voz que no puede dejar a las mujeres solas, que debe estar tras ellas, como un gobierno demasiado escrupuloso (‚Ķ) Jane Austen lo mir√≥ (el instrumento usado por la literatura masculina) y se ri√≥ de √©l, e ide√≥ una construcci√≥n perfectamente moldeada para su propio uso, y no se apart√≥ jam√°s de √©l‚Ä̬†

Nacida el 16 de diciembre de 1775 en Hampshire, Inglaterra, Jane Austen fue una novelista brit√°nica de la √©poca georgiana, fecha en la que predomina la¬† prosa augusta, destacando el ensayo, la s√°tira y el desarrollo de la novela. Siendo la s√©ptima hija de una familia de burgueses rurales, Jane vivi√≥ desde ni√Īa las exigencias y preceptos de una clase social dominada por el af√°n de aparentar y cuidar su imagen. Y quiz√°s por eso sus protagonistas se encontraban continuamente en la misma situaci√≥n que ella; j√≥venes y so√Īadoras pero a la vez enfrentadas al irremediable destino del matrimonio y las expectativas de sus familias.¬†¬†

Y en lugar de criticar, en lugar de apuntar con el dedo o soltar un manifiesto, Jane Austen se enfrentó a las normas sociales de una forma nueva y diferente; representándolas con tanta naturalidad que a primera vista no se distinguía su elegante tono de burla. Disfrazada en lo que parece ser la novela amorosa - esas historias de amor consideradas en la época como algo menor - Jane Austen presenta sutilmente en su obra una radiografía y crítica a  la sociedad de la época, paseando por diferentes personajes y situaciones. También la autora parodió otros géneros, como el caso de la novela gótica - muy popular en la época - de la cual se burló con La Abadía de Northanger. 

Orgullo y prejuicio, publicado en 1813, comienza inmediatamente denotando el tono agudo e irónico de la autora, escondiendo el juicio que  ella está realizando como un subtexto:  “Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa"

Así, Jane Austen dejaba en evidencia las normas sociales que le parecían ridículas con un discurso doble, parodiando sin hacerlo evidente. Aprovechando este mecanismo, Austen también abogó por los derechos de la mujer, dando cuenta de lo risible de ciertas reglas y expectativas: 

‚ÄúCasarse hab√≠a sido siempre su objetivo; era la √ļnica forma respetable de que una mujer educada y de escasa fortuna se asegurara el porvenir y, aunque no garantizara su felicidad, era el mejor modo de no pasar privaciones‚ÄĚ.¬†

También, en un tono burlón, Elizabeth Bennet, la protagonista de Orgullo y Prejuicio, reflexiona sobre los estándares que se les imponía a las mujeres de la época, dando cuenta de lo imposible que eran para alcanzar y de cómo aquello las limitaba. 

‚ÄúNo me sorprende ahora que conozca s√≥lo a seis mujeres perfectas. Lo que me extra√Īa es que conozca a alguna‚ÄĚ.¬†

La aparente estructura romántica de sus novelas y sus comunes finales felices en que la protagonista encontraba el amor, permitían que las críticas sociales que Jane Austen realizaba fueran indetectables para el lector despistado. Así, la autora encontraba la libertad para decir lo que quería a pesar de las reglas y modelos predominantes de la época  creando un espacio discursivo propio. Quizás aquel lugar metafísico que elaboraba con sus palabras - ese mismo que Virginia Woolf después le aplaudiría - era su cuarto propio. 

                                                                 

                                                                      ***


Justamente un a√Īo despu√©s de la muerte de Jane Austen, el 30 de julio de 1818 nace en Haworth, Inglaterra, la otra escritora que para Virginia Woolf ser√≠a una excepci√≥n, Emily Jane¬† Bronte.¬†

Siendo la quinta de seis hermanos, luego de cursar¬† estudios en internados y haber ejercido ella misma como institutriz durante un breve per√≠odo, Emily pas√≥ sus √ļltimos a√Īos dedicada a la casa familiar y a las labores del hogar. Junto a sus hermanas Charlotte y Anne - quienes tambi√©n se volver√≠an c√©lebres autoras - se recluyeron en fantas√≠as e historias que inventaban en modo de reponerse de la prematura muerte de su madre y otras dos hermanas.¬† Se dice que Emily pas√≥ a ser una¬† persona m√°s bien recluida que no sali√≥ de su casa durante gran parte de su vida. As√≠, encerradas entre cuatro paredes, las hermanas dieron rienda suelta a su imaginaci√≥n, creando mundos y poes√≠as, sin la presi√≥n ni expectativas de nadie. Entre lavar la ropa y cocinar, las hermanas Bronte se permit√≠an so√Īar de una forma que, fuera de su casa, no siempre se les permit√≠a a las mujeres. Quiz√°s ah√≠ recae aquella libertad que Virginia Woolf rescata en la prosa de Emily Bronte, aquel √≠mpetu m√°s all√° de las reglas y discursos predominantes de la √©poca.
Empero, ese cuarto propio se vio corrompido cuando las hermanas intentaron salir de ahí por primera vez. En 1846, Emily, Charlotte y Anne publican en conjunto un libro de poesías, el cual tuvo pésima acogida y logró vender tan solo dos copias. 

Aun así, Emily no se dejó desmotivar  y continuó trabajando en su proyecto de largo aliento, la novela Cumbres Borrascosas. Finalmente, en 1847 su ópera prima es publicada. Pero nuevamente la recepción no fue la esperada, ya que su estilo resultó ser  muy novedoso para los críticos y lectores de la época, los cuales tuvieron apreciaciones negativas. El mundo todavía no estaba preparado para Emily Bronte. Parecía que nadie estaba listo todavía para que una mujer construyera una voz propia. 

Un a√Īo despu√©s de la fracasada publicaci√≥n de Cumbres Borrascosas, Emily Bronte muri√≥ de tuberculosis a la edad de cuarenta a√Īos, y√©ndose del mundo pensando que su novela hab√≠a sido un fracaso y sin saber que su obra se convertir√≠a despu√©s en una de las m√°s valoradas e importantes de la literatura inglesa.¬†

Mediante la tormentosa historia de Cumbres Borrascosas, Emily Bronte logr√≥ desnudar los aspectos m√°s siniestros y oscuros de la naturaleza humana, construyendo as√≠ un profundo an√°lisis psicol√≥gico de sus protagonistas al mismo tiempo que representaba la peque√Īez y desolaci√≥n de los individuos en un mundo cruel e insensible, aquello siendo representada por la descontrolable y destemplada naturaleza. Ambos protagonistas, Catherine y Heathcliff, eran personas dolidas y traumadas, con sentimientos contradictorios y afanes de hacerle da√Īo al resto. Aquellas contradicciones interiores no fueron comprendidas por los lectores de la √©poca, los cuales tildaron a los personajes como amorales y aversivos. Al mismo tiempo, Catherine signific√≥ una innovaci√≥n para la representaci√≥n femenina, ya que no se basaba en los modelos preestablecidos de personajes femeninos. Dif√≠cil de clasificar y ni villana ni santa,¬† Catherine ten√≠a una naturaleza ambigua e indescifrable, mostrando as√≠ las complejidades interiores en las que una mujer pod√≠a existir.¬†


Muchas personas se han preguntado cómo una mujer que jamás salió de su casa ni tuvo relaciones amorosas  logró escribir una obra tan monumental sobre la vida y el deseo. Pero quizás no es necesario vivir para poder escribir así, sino más bien - tal como Virginia Woolf postulaba - encontrar un lugar propio y escuchar, del mismo modo que Emily hizo. 

Encerrada en su peque√Īo espacio, en la intimidad de su hogar, Emily se hab√≠a adelantado al tiempo sin nunca enterarse de que lo hizo.¬†



                                                                 ***


Muchos a√Īos antes de que Virginia Woolf les hablara¬† a las alumnas del Girton College sobre el cuarto propio y que Jane Austen y Emily Bronte escribieran sus grandes obras,¬† en 1651¬† nac√≠a en M√©xico Juana In√©s de Asbaje y Ram√≠rez de Santillana, m√°s conocida como Sor Juana In√©s de la Cruz. Sor Juana fue una poetisa mexicana, una de las m√°s reconocidas exponentes del siglo de oro de la literatura en espa√Īol.

Nacida en una familia de criollos, tuvo sus primeros acercamientos con la literatura en la biblioteca de su abuelo, donde pudo leer a los cl√°sicos griegos y latinos y descubrir su vocaci√≥n por las letras. Ella misma escribi√≥ que a los tres a√Īos ya sab√≠a leer y que dedic√≥ gran parte de su infancia a estudiar. Es m√°s, incluso intent√≥ convencer a su madre de que la enviaran a la universidad vestida de hombre. Pero el sistema colonial en el que Sor Juana hab√≠a nacido no permit√≠a a las mujeres civiles estudiar ni mucho menos asistir a la universidad, ya que deb√≠an casarse y ser due√Īas de hogar.

Reacia a la opci√≥n de contraer matrimonio y empe√Īada en continuar estudiando, Sor Juana entra en 1665 a la orden religiosa, ya que las monjas, a diferencia de las mujeres civiles, ten√≠an acceso al estudio y a la vida intelectual. La vida en un convento no solo les daba a las mujeres acceso al estudio, sino que tambi√©n a la vida pol√≠tica, ya que la Iglesia ten√≠a importante rol en la sociedad colonial. En un principio, Sor Juana entr√≥ a la orden de las Carmelitas Descalzas, pero no pudo adaptarse a la rigidez y disciplina de ah√≠, as√≠ que finalmente opt√≥ por el convento de San Jer√≥nimo, lugar donde sirvi√≥ hasta su muerte.

Durante su vida como monja, Sor Juana publicó una vasta e importante producción literaria; sonetos, redondillas, romances, entre otras. Una de sus redondillas más famosas es una recriminación a la injustos y cínicos que son los juicios de los hombres hacia las mujeres:

“hombres necios que acusáis

a las mujeres sin razón

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culp√°is

si con ansias sin igual

Solicitáis su desdén

¬†¬ŅPor qu√© quer√©is que obren bien

si las incit√°is al mal? (17)

Aun as√≠, cuesta imaginar que Sor Juana haya podido encontrar realmente un espacio libre y aut√≥nomo dentro de un convento. El cuarto propio no estaba tan al alcance.¬† Juana no pod√≠a actuar completamente a su voluntad, ya que viv√≠a al servicio de los altos mandos de la Iglesia, al igual que el resto de las monjas. Aquello queda muy claro en las disputas de los a√Īos 1691 y 1692, en las que a Sor Juana se le proh√≠be el estudio como penitencia por sus descuidos a las labores religiosas y es relegada a los trabajos de la cocina. En cierto sentido, su vocaci√≥n religiosa se vio empa√Īada por su vocaci√≥n intelectual y literaria, ella misma hab√≠a admitido entrar a la orden religiosa por motivos personales. Mientras permanece en el convento, Sor Juana se vuelve una figura central en la cultura mexicana y escribe importantes versos y sonetos, lo que despert√≥ sospecha en los otros miembros de la Iglesia, ya que daba la impresi√≥n de estar m√°s entregada a la creaci√≥n literaria que a sus quehaceres religiosos. Aquella percepci√≥n se agravia luego de la pol√©mica carta Atenag√≥rica. Sor Juana escribi√≥ la ya mencionada carta en noviembre de 1690, criticando el serm√≥n de Antonio Vieria sobre las finezas de Cristo. En √©sta, la poeta plantea que la fe en parte es una creencia personal y, por lo mismo, puede tener diferentes interpretaciones y manifestaciones. Su carta fue mal recibida y su compromiso con las labores religiosas fueron cuestionados.

Debido a esto, Sor Juana escribe en marzo de 1691 la carta Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, una defensa a los estudios cuyos usos de la retórica y técnicas discursivas nos recuerdan a aquello que Virginia Woolf alentaba a las escritoras a hacer. Es decir, a crear un discurso propio e independiente de la hegemonía. La carta comienza con Sor Juana excusándose en su tardanza en responder, justificándose de no encontrarse digna para su interlocutora:

‚ÄúMuy ilustre se√Īora, mi se√Īora: no mi voluntad, mi poca salud y mi justo temor han suspendido tantos d√≠as mi respuesta. ¬ŅQu√© mucho si, al primer paso, encontraba para tropezar mi torpe pluma dos imposibles? El primero (y para m√≠ el m√°s riguroso) es saber responder a vuestra doct√≠sima, discret√≠sima, sant√≠sima y amoros√≠sima carta.‚Ä̬†

En su carta, Sor Juana evidentemente recurre al t√≥pico de la falsa modestia. La falsa modestia era un recurso de origen judicial y usado principalmente en cuestiones de √≠ndole diplom√°ticas, es decir, t√≥pico creado y usado por los hombres. Sor Juana se apropia de un discurso predominantemente patriarcal y lo utiliza para sus fines, tal como Virginia Woolf dec√≠a que Jane Austen hac√≠a. ‚Äú¬ŅC√≥mo me atrever√≠a yo a tomarlo con mis indignas manos, repugn√°ndolo el sexo, la edad, y sobre todo, las costumbres? Y as√≠ confieso que muchas veces este temor me ha quitado la pluma de las manos‚Ķ‚Ä̬†

De esta manera, podemos ver que Sor Juana utiliza el lenguaje del enemigo como táctica contra este mismo. Manipula las razones por las que quiere estudiar para así lograr convencer a su interlocutor. Debajo de lo que su discurso denota, hay otro mensaje oculto.

Pero cuando m√°s Sor Juana da cuenta de su capacidad de dar vuelta las significaciones y valores en su conveniencia, es en el momento que se refiere a su desempe√Īo en las labores de la cocina. Aislada de los estudios y obligada a trabajar cocinando y lavando, Sor Juana no se queda de brazos cruzados y utiliza aquel lugar como un espacio de estudio y reflexi√≥n intelectual:

‚ÄúPues ¬Ņque os pudiera contar, se√Īora, de los secretos naturales que he descubierto estando guisando? Ver que un huevo se une y fr√≠e en la manteca o el aceite y, por el contrario, se despedaza en el alm√≠bar; ver que para que el az√ļcar se conserve fluida basta echarle una muy m√≠nima parte de agua en que haya estado membrillo u otra fruta agria; ver que la yema y clara de un mismo huevo son tan contrarias, que en los unos, que sirven para el az√ļcar, sirve cada una de por s√≠ y junto no.

El castigo en forma de encargarse de los deberes y de ocuparse de la cocina es transformado  por Sor Juana en una actividad científica y de aprendizaje, incluso de índole filosófica. 

‚ÄúBien dijo Lupercio Leonardo, que bien se puede filosofar y aderezar la cena. Y yo suelo decir viendo estas cosillas: Si Arist√≥teles hubiera guisado, mucho m√°s hubiera escrito‚ÄĚ

Mediante una actividad mec√°nica y repetitiva en la que no se necesita mucho esfuerzo intelectual ‚Äď como es lavar, cocinar, cortar ‚Äď Sor Juana deja volar su imaginaci√≥n y mente. De la misma manera que Arist√≥teles y los peripat√©ticos, un c√≠rculo filos√≥fico de la Antigua Grecia, se entregar√°n a la actividad de caminar para as√≠ reflexionar y filosofar, Sor Juana lo hac√≠a en su cocina. Hab√≠a encontrado su propia manera de hacer filosof√≠a.

Así es como, mediante el lenguaje, Sor Juana revierte el significado de la cocina, y del castigo en sí, haciéndole frente a la idiosincrasia propia de la época. Redunda el concepto conocido de la cocina y lo convierte en un espacio individual. 

En la cocina, Sor Juana es la due√Īa de su estudio y aprendizaje, nadie la gu√≠a ni la limita. Lo que est√° estudiando y pensando no es impuesto por nadie. Sor Juana, tantos a√Īos antes que alguien pusiera todo esto en palabras, hab√≠a encontrado su cuarto propio.

Pero, si de defender al sexo femenino se trata, de velar por el acceso a la educación y al desarrollo intelectual de las mujeres, hubo una pionera. Mucho antes de Sor Juana y Virginia Woolf, hubo una mujer que le hizo frente a su época.


                                                                      * * *


En el a√Īo 1364, nac√≠a en Venecia Christine de Pizan, quien ser√≠a m√°s tarde considerada como la primera feminista de la historia, ya que sus tratados y defensas del sexo femenino marcaron un precedente y son una influencia en los estudios de g√©nero hasta el d√≠a de hoy. Christine de Pizan fue una fil√≥sofa, poeta humanista y la primera escritora profesional de la historia, ya que, antes de ella, ninguna mujer hab√≠a sido pagada por su creaci√≥n literaria. Hija de Tomas de Pizan, un astr√≥logo, alquimista y f√≠sico que lleg√≥ a ser canciller en la corte del rey Carlos V de Francia, tuvo una gran educaci√≥n y vida intelectual desde peque√Īa gracias a los accesos a los archivos del palacio. As√≠, desde temprana edad, ley√≥ cl√°sicos humanistas renacentistas y comenz√≥ a desarrollar su vocaci√≥n literaria. A los quince a√Īos se cas√≥ con √Čtiene du Castel, otro cortesano del rey Carlos V. Pero, luego de diez¬† a√Īos de matrimonio, Christine queda repentinamente viuda con tres hijos.. De esta manera, Christine qued√≥ sola y a cargo del cuidado de sus hijos, su madre y una sobrina. Fue entonces cuando decidi√≥ ganar dinero escribiendo para as√≠ mantener a su familia. Escribi√≥ poemas, canciones y baladas que fueron de gran gusto para nobles y miembros de la realeza, quienes le pagaban por sus composiciones y declamaciones. En sus versos hay un fuerte componente autobiogr√°fico, ya que sus poemas reflejaban sus inquietudes personales y emocionales, sus dolores y penas amorosos, su vida de viuda.

En el a√Īo 1399 comienza la que podr√≠amos considerar su producci√≥n literaria feminista, o proto feminista, ya que asentar√≠a las bases del feminismo que conocemos hoy. Es en este momento en el que empieza a desarrollar un discurso que aboga por la defensa de los derechos del g√©nero femenino. Simone de Beauvoir dice en El Segundo Sexo que la escritura de Christine de Pizan es ‚Äúla primera vez que vemos a una mujer tomar su pluma en defensa de su sexo‚ÄĚ.¬† Efectivamente, Christine combati√≥ las difamaciones de su g√©nero. Critic√≥ p√ļblicamente la manera en que la mujer es retratada en Roman de la Rose de Jean Meug y Guillaume de Lorris, un popular poema medieval que se planteaba a s√≠ mismo como una suerte de manifiesto sobre ‚Äúel arte de amar‚ÄĚ. De Pizan conden√≥ las alegor√≠as que los autores hac√≠an alrededor de la figura de la mujer- compar√°ndola con una fr√°gil rosa que era cogida por las manos masculinas - ya que, desde el punto de vista de Christine, aquello atentaba contra su integridad y daba una idea equivocada del g√©nero femenino.

Sus comentarios y reflexiones en torno a Roman de la Rose fueron duramente criticados y censurados, y De Pizan fue acusada de profanar una de las obras literarias más importantes de la tradición francesa. Aun así, Christine no se dejó callar.

En 1405 public√≥ su autobiograf√≠a La Visi√≥n de Christine, en la cual se defend√≠a de los detractores que arremet√≠an en contra de ella por sus ideas. Pero fue en ese mismo a√Īo cuando Christine de Pizan public√≥ lo que ser√≠a su tratado en prosa m√°s importante, La Ciudad de las Damas. Nuevamente una respuesta a Roman de la Rose, La Ciudad de las Damas es una obra en prosa en la que Christine de Pizan propone la creaci√≥n aleg√≥rica de una ciudad destinada solamente a las mujeres ilustres y honradas.¬†

La obra comienza con Christine de Pizan leyendo en su estudio. Cuenta que, luego de merendar con su familia, se ha encerrado ah√≠ para poder estudiar. Es entonces que comienza con la lectura del Libro de las Lamentaciones de Mateolo el que trataba en parte sobre matrimonios en que las mujeres le hac√≠an la vida miserable a los hombres. Impresionada por lo que lee, dice sentir repulsi√≥n y verg√ľenza de su g√©nero. Piensa que es lamentable el tener que estar vinculada con todas aquellas tr√°gicas caracter√≠sticas que son las femeninas. Pero entonces, en su estudio aparecen tres damas, que representan tres virtudes- Raz√≥n, Derechura y Rectitud ‚Äď para¬† disuadirla de dichos pensamientos y contarle sobre importantes y valiosas mujeres a lo largo de la historia. Las tres damas le dicen que construir√°n una ciudad solamente para mujeres ilustres y ejemplares. Raz√≥n la ayudar√° a quitar los juicios negativos hacia las mujeres. Derechura se encargar√° de la construcci√≥n de los muros y bellos edificios. Finalmente, Rectitud poblar√° la ciudad con mujeres dignas e ilustres. La mencionada ciudad tendr√° todas las virtudes femeninas, aquello ser√° su fuerte.

La Ciudad de las Damas comienza con la siguiente imagen: ‚Äú¬ęSentada un d√≠a en mi cuarto estudio, rodeada toda mi persona de los libros m√°s dispares, seg√ļn tengo costumbre‚ÄĚ. Con este retrato de la escritora, atrincherada detr√°s de los libros, empieza La Ciudad de las Damas.

Podríamos considerar que Christine de Pizan se adelantó a los preceptos de Virginia Woolf, ya que ganaba dinero y tenía un espacio individual para escribir. Había encontrado su cuarto propio. Al igual que Woolf,  también  estaba consciente de su condición de privilegio, ya que la mayoría de las mujeres no tenían las facilidades para optar por una carrera literaria como ella. La Ciudad de las Damas, mediante la alegoría de la construcción de una ciudad para las mujeres ilustres, al igual que Un Cuarto Propio y las cartas de Sor Juana, es un llamado a la inclusión y acceso para el género femenino al estudio y vida intelectual. Es un llamado a un espacio digno para que las mujeres puedan desarrollarse intelectualmente.

‚ÄúSi fuera costumbre mandar a las ni√Īas a las escuelas e hici√©ranles luego aprender las ciencias, cual se hace con los ni√Īos, ellas aprender√≠an a la perfecci√≥n y entender√≠an las sutilezas de todas las artes y ciencias por igual que ellos, pues aunque en tanto que como mujeres tienen un cuerpo m√°s delicado que los hombres, m√°s d√©bil y menos h√°bil para hacer algunas cosas, tanto m√°s agudo y libre tienen el entendimiento cuando lo aplican. Ha llegado el momento de que las severas leyes de los hombres dejen de impedirles a las mujeres el estudio de las ciencias y otras disciplinas. Me parece que aquellas de nosotras que puedan valerse de esta libertad, codiciada durante tanto tiempo, deben estudiar para demostrarles a los hombres lo equivocados que estaban al privarnos de este honor y beneficio. Y si alguna mujer aprende tanto como para escribir sus pensamientos, que lo haga y que no desprecie el honor sino m√°s bien que lo exhiba, en vez de exhibir ropas finas, collares o anillos. Estas joyas son nuestras porque las usamos, pero el honor de la educaci√≥n es completamente nuestro‚ÄĚ.¬†

En La Ciudad de las Damas se encuentran muchas alusiones a obras literarias anteriores. El mismo título parece ser una evocación a la obra De Civitae Dei de San Agustín. También hay varias referencias a pasajes bíblicos y a otros autores medievales, como Boccacio. La misma obra es una suerte de pastiche de diferentes historias y personajes femeninos. En ésta nos encontramos a Safo, Minerva, Juana Borbón, Medea, María Magdalena, Cleida, entre otras.

Christine de Pizan no se hace la desentendida con su √©poca. Es m√°s, la abraza, se envuelve en √©sta y la utiliza como marco para crear algo nuevo, quiz√°s no en su forma, pero si en su contenido. Encarna las ideas y voluntades de Virginia Woolf y Sor Juana. Mediante t√©cnicas y estilos comunes a su √©poca, De Pizan p√ļblicamente hace algo que nadie antes hab√≠a hecho: defender a su g√©nero de las infamias.

Resulta interesante que, en su defensa del género femenino, Christine de Pizan haya mencionado a la poeta griega Safo.


                                                          * * *


Safo de Mitilene, o también conocida como Safo de Lesbos, fue una poeta lírica griega.

Nacida en la isla de Lesbos alrededor del a√Īo c.a 650-610, formaba parte de una comunidad llamada thiasos que se dedicaba a preparar a las mujeres para sus matrimonios. Posteriormente, es parte de ‚Äúla casa de las servidoras de las musas‚ÄĚ, en donde ense√Īa a disc√≠pulas m√°s j√≥venes a componer poes√≠a, cantar y hacer trenzas y coronas de flores. Se dedicaban a honrar y cantarle a Afrodita, la diosa de la belleza y el amor.

En la isla de Lesbos, con nadie más que sus discípulas y el mar, el mundo Safo parecía estar embriagado por lo femenino. Esta imagen podría diferir a la idea que tenemos sobre el tratamiento de la mujer a lo largo de la historia y al valor que se le daba a lo relacionado con ellas.

Pero en la isla de Safo, las virtudes femeninas predominaban y eran exaltadas.  En Lesbos las mujeres tenían acceso a la vida cultural e intelectual. Safo vivía inmersa en una comunidad femenina, en donde las mujeres se podían sentir libres para expresarse y crear a sus anchas, alejadas de la cultura que valoraba lo masculino ante todo lo demás.  Tal vez, si establecemos relaciones, Virginia Woolf podría considerar a la isla de Lesbos como un cuarto propio para Safo de Mitilene. 

Lo anterior parece manifestarse en el contenido y forma de la poesía de Safo.  Mientras que en la antigua Grecia preponderaron los relatos y poemas épicos, cantos sobre acciones trascendentales en la historia que ensalzaban la figura de un héroe arquetípico, nobles guerreros y sacerdotes, resaltando virtudes masculinas y viriles que debían servir de ejemplo para el pueblo griego, Safo estaba haciendo algo completamente distinto. 

Escrita en el dialecto e√≥lico de Lesbos, la poes√≠a de Safo es casi completamente autobiogr√°fica y pensada para ser cantada en grupos de mujeres al honrar a la diosa Afrodita. Aquello se contrastaba con la poes√≠a √©pica, la cual era la m√°s popular en dicho per√≠odo en¬† la Antigua Grecia. Obras como La Odisea o Il√≠ada de Homero formaban parte de una tradici√≥n que narraba grandes haza√Īas y momentos hist√≥ricos. Se ensalzaba la figura del h√©roe y se le pon√≠a como ejemplo a seguir para el resto de la poblaci√≥n. Alababan el aret√©, aquella caracter√≠stica de los nobles griegos, la perfecci√≥n f√≠sica y moral que deb√≠a servir de modelo de educaci√≥n para los lectores y oyentes.

Pero Safo no hacía eso. Safo no hablaba sobre grandes guerras o eventos trascendentales. Safo hablaba de lo íntimo, de lo sentimental. Por lo mismo, es considerada dentro del canon de nueve poetas líricos, lista creada por los alumnos helenísticos de Alejandría y que incluye a Alceo, Anacreonte, Píndaro, entre otros. Además, Platón la catalogó como la séptima musa.

La poes√≠a l√≠rica se centra en el yo, en la manifestaci√≥n y reflexiones sobre sus sentimientos. En Grecia, usualmente las poes√≠as l√≠ricas eran cantadas acompa√Īadas por la lira u otro instrumento de cuerda. La voluntad de expresar su interioridad la podemos ver en el siguiente verso, el cual podr√≠amos considerar una suerte de arte po√©tica, ya que Safo est√° se√Īalando lo que ella considera valioso para cantarle.

“Dicen unos que una tropa de jinetes; otros que una de soldados

y otros aun, que una flota de naves

es lo m√°s bello que hay sobre la tierra negra.

Yo digo que es lo se ama‚Ä̬†

Safo se apropia de los cantos y la escritura ‚Äď predominantemente masculinos ‚Äď y los da vuelta para crear un nuevo discurso. M√°s all√° de la libertad que tiene en la isla de Lesbos, ella crea, discursivamente, un espacio metaf√≠sico donde puede expresarse con franqueza y a su voluntad.

Safo también  cantaba abiertamente sobre las relaciones sentimentales que mantenía con sus discípulas, convirtiéndose en un símbolo del amor entre mujeres. En sus versos se puede ver la pasión y lo erótico de dichas relaciones.

“ y cuando ríes seductora. Entonces

el corazón me tiembla dentro del pecho

pues, en cuanto te miro no me sale

ni un hilo de voz,

la lengua se me traba y un sutil

fuego me recorre por debajo de la piel

mis ojos no ven nada y los oídos

me retumban,

el sudor se me vierte por encima, se adue√Īa

de mí el espanto, estoy más pálida

que la hierba y me parece

que voy a morirme‚Ä̬†

La poes√≠a de Safo se construye a partir de lo emocional y sensorial. Expone sin tapujos lo que es el amor entre mujeres, los deseos, la atracci√≥n. Al hacerlo, encuentra una voz propia. Toca sobre mujeres, inquietudes y sensaciones.¬†Habla, por ejemplo, de la virginidad, algo tan √≠ntimo ‚Äď y nimio para los poemas que tratan sobre lo grande y √©pico ‚Äď pero que en voz de Safo es convertido en un inter√©s po√©tico. Uno que nadie antes de ella hab√≠a tocado.

‚Äú(Novia) Virginidad, virginidad, ¬Ņa d√≥nde vas que me

(abandonas?

(Virginidad) No volver√© jam√°s, no volver√© jam√°s‚ÄĚ (47)


Quizás, lo que Virginia Woolf, Sor Juana y Christine de Pizan estaban buscando, siempre estuvo ahí, un poco más atrás de ellas. Quizás la tradición que se forjó se interpuso y no les permitió ver del todo. Quizás lo que las une es un instinto, aquella pulsión creadora que les hizo buscar lugares y formas para escribir. Todas buscaban un cuarto propio.


                                                                    ***


Virginia Woolf, Jane Austen, Emily Bronte, Sor Juana Inés de la Cruz, Christine de Pizan y Safo, todas ellas, a su manera, pensaron y formularon una tradición de escritura femenina que está presente hasta el día de hoy. Abrieron un camino, encontraron la manera de crear una voz propia y alentar al resto de las mujeres a hacer lo mismo.

Ya fuera llamando al acceso de las mujeres a la vida intelectual, abriendo alternativas dentro de la misma literatura, reivindicando los temas femeninos, pusieron los cimientos de lo que sería un largo camino.

Y, hasta el día de hoy, en la literatura escrita por mujeres podemos encontrar reminiscencias de sus ideas y propuestas.

Lo doméstico como lo propio, lo doméstico como espacio de reivindicación y apropiación. Lo doméstica para hacerle frente a un sistema que ha relegado lo femenino como algo menor. 

Autoras como Alice Munro, Elena Ferrante, Alia Trabucco, Elizabeth Strout, Natalia Ginzburg, Clarice Lispector, Mar√≠a Paz Rodriguez, Marcela Serrano, Rosario Castellanos, entre otras, lo han hecho y contin√ļan haciendo.¬†

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