Julieta Marchant
Flora
Flora
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«La gata ha hablado. Su voz es tibia como un durazno. Entre cada palabra se asoman los colmillos. Ella piensa: son comas; habla pausado y tiene su propia sintaxis. No parece una lengua extranjera, sino los
huesos mismos del lenguaje, los fundamentos del deseo de extender la mano y pronunciar palabras elementales: hola, te quiero, estoy aquí, buenas noches.»
A raíz de la muerte de su gata Flora, y alternando escenas cotidianas y literarias, fragmentos ensayísticos y alusiones al duelo en la cultura y la vida, la poeta y editora Julieta Marchant escribe un diario de duelo en el que el lenguaje —que, sospecha, es apenas un juguete— se ve constantemente sobrepasado por la emoción y el desgarro de la pérdida. Lo escribió, dice, para acompañarse a sí misma, pero también «para
acompañar a alguien cuando pierda a su Flora».
