¿Qué debemos escuchar? Aborto, autonomía y literatura en Chile.
Share
Hay palabras que, cuando entran en el debate público y político dejan de ser palabras al aire u opiniones que una persona conversa con sus más cercanos. Se convierten en imágenes concretas, en consignas y miedos. “Escucha su corazón” es una de ellas.
El 7 de julio ingresó a la cámara de diputadas y diputados un proyecto de ley que busca modificar la regulación del aborto en tres causales en Chile. La iniciativa propone que, antes de acceder a la interrupción del embarazo en tres causales, el personal médico informe a la paciente si es posible detectar actividad cardiaca embrionaria y le “ofrezca” de manera verbal y directa, la oportunidad de escuchar los latidos. Sí, ofrecer lo dejamos entre comillas, porque el proyecto establece algo más, indica que si la paciente, mujer, adolescente, niña o persona gestante, se niega, el médico deberá negarse a la práctica de interrupción del embarazo.
Es muy difícil no preguntarse entonces qué significa realmente informar y qué significa una condición coercitiva absoluta.
En Chile, desde el año 2017, la ley 21.030 despenalizó la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales; cuando la mujer o persona gestante está en riesgo, cuando existe una inviabilidad del feto de carácter letal o cuando el embarazo es producto de una violación. Desde el Ministerio de la mujer y la equidad de género se ha señalado que esta legislación, si bien no establece un derecho general al aborto, coloca en el centro la autonomía de las mujeres.
No se trata por lo tanto de un derecho irrestricto al aborto. Se trata de una legislación que reconoce la posibilidad de interrumpir un embarazo únicamente ante determinadas situaciones de extrema vulnerabilidad. Razones profundamente distintas entre sí, pero que comparten que el Estado ya las ha reconocido como circunstancias en las que obligar a continuar un embarazo puede significar violar derechos fundamentales.
Las propias percepciones sociales muestran que este reconocimiento no está aislado de la sociedad. Una encuesta UDP-Feedback publicada en enero de 2025 mostró que el 78% de las personas encuestadas estaba de acuerdo con el aborto en tres causales. El apoyo a la interrupción del embarazo bajo cualquier circunstancia era menor, aunque también había aumentado hasta un 53%. Las cifras muestran que existe un amplio consenso social en torno a las tres causales.
Por eso resulta tan significativo que, en lugar de preguntarnos cómo garantizar el acceso efectivo a una prestación que ya reconoce la ley, volvamos a discutir cómo dificultarla.
Nombrar y escuchar nunca son actos inocentes. Nos dicen que hay que escuchar un corazón. Pero ¿qué pasa con la voz de quien está tomando la decisión?
Aquí es donde queremos detenernos en la literatura. Pues, mucho antes de que se pudiese discutir sobre el aborto libremente, las autoras ya estaban contando sus experiencias, escribiendo ficciones alrededor y ensayos al respecto. Hay diferentes bordes que se han explorado, pero todo parte desde la base del poder de decisión que debería ser legal en torno a la decisión de ser o no madre.
La literatura tiene algo que el lenguaje legislativo no puede tener, contradicciones. Porque en los libros no existe una única experiencia o realidad en torno a la decisión de interrumpir un embarazo. Una novela puede mostrarnos a una mujer que no quiere ser madre sin convertirla en una villana o una personaje cliché. Un ensayo puede narrar una maternidad deseada y, al mismo tiempo, mostrar el agotamiento que existe dentro de ella. Puede contar un aborto sin convertirlo en tragedia. Puede mostrar duelo, alivio o ambas cosas. Puede dejar una decisión sin explicación. Y esos espacios entremedio, esa complejidad importa.
En cambio, cuando hablan de aborto desde el escenario político, muchas veces se intenta construir una única imagen de “la mujer que aborta”. Una mujer no completa, una que se va a enfrentar a un arrepentimiento de por vida. Una mujer confundida. Una mujer que necesita ser salvada de su propia decisión. Una mujer que debe ser convencida.
La literatura, en cambio, nos recuerda que no existe una experiencia única. Muchas escritoras han vuelto una y otra vez sobre el cuerpo, por lo mismo. El cuerpo de las mujeres aparece como un territorio donde se cruzan el deseo individual, las expectativas familiares, la religión, la medicina, la maternidad y el poder. Un cuerpo sobre el que otros opinan, legislan, diagnostican y finalmente, terminan por decidir. Pero también un cuerpo que puede decir no. La discusión sobre el aborto es, en ese sentido, una discusión sobre la autonomía. Sobre quién puede decidir qué ocurre dentro de un cuerpo y bajo qué condiciones esa decisión será considerada legítima.

Esto es justamente lo que hace tan potente El acontecimiento, de Annie Ernaux. Al reconstruir el aborto clandestino que vivió en Francia en 1963, Ernaux no convierte su experiencia en una moraleja. Se desdobla en un relato a dos voces, una contando todo lo sucedido alrededor del momento del aborto, y otra voz reflexionando sobre lo que es escribir sobre el acontecimiento. Así, logra escribir desde el cuerpo, al mismo tiempo que desde el miedo, desde la clandestinidad y también desde la violencia de una sociedad que le niega una posibilidad que ella considera necesaria. El aborto se explora así como una experiencia concreta, una situación, y menos se presta para una abstracción en torno a cómo debería presentarse una mujer ante esta situación.
Pero no necesitamos ir tan lejos para encontrar esas historias. En Chile, Fátima Sime publicó El Depilador, un libro de cuentos que aborda distintas experiencias alrededor del aborto deseado y no deseado. Los relatos se internan en torno a diferentes mujeres que transitan por la experiencia de interrumpir su embarazo como opción deseada o no deseada. Se ven enfrentadas a las consecuencias sociales de la interrupción de un embarazo, explora también los secretos de las casas clandestinas donde se realizan abortos y el miedo en el que viven como organización por poder ir a la carcel por ese trabajo.

Que su autora haya ejercido como matrona durante gran parte de su vida añade otra capa a los relatos, una más cercana, donde se siente una voz que conoció desde dentro los espacios médicos donde esos cuerpos eran atendidos, juzgados y no acompañados.
Ambos libros, aunque muy diferentes, tienen en común el querer devolver al aborto el territorio de la experiencia, no como cifra, no como tabú, menos entre causales. Para así darle vida y experiencia, pues, es algo que sucede en un cuerpo y que puede modificar una vida.
Así vemos cómo la literatura permite entonces mirar el aborto como una experiencia encarnada y no como una cifra más, ni una disputa parlamentaria. Estas historias no ocurren en el vacío, ni en un mundo ficcional, están situadas y atravesadas por contextos sociales, discursos institucionales y leyes.
En Chile, durante la dictadura, las nuevas orientaciones en torno a la familia y a la maternidad, quedaron expresadas en el documento Política de Población, que, entre otras medidas, restringió el acceso a información sobre métodos anticonceptivos y terminó por negar derechos reproductivos de las mujeres. Esta tendencia se consolidó en 1989, cuando se derogó la normativa que penalizó el aborto en todas sus formas, incluyendo el aborto terapéutico. El dato importa porque permite entender que la discusión actual no ocurre en una tierra sin contexto. Durante buena parte de la historia reciente de Chile, las decisiones reproductivas de las mujeres han estado sujetas a las definiciones de un Estado no democrático, luego a un Estado legislador y de las instituciones religiosas y políticas.
La Ley 21.030, promulgada en 2017, significó un cambio importante al permitir la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales. Pero esa modificación no eliminó la disputa, abrió un nuevo escenario en el que el acceso, las condiciones y el alcance de ese derecho continúan siendo discutidos. Por eso, cuando hoy se propone introducir nuevas exigencias para acceder a una prestación que la ley ya contempla, vale la pena mirar hacia atrás. La historia no se repite exactamente, pero debemos recordar que los derechos reproductivos nunca han estado completamente fuera de la discusión sobre quién puede decidir sobre el cuerpo de las mujeres.
Por eso, hablar de aborto también implica, necesariamente, hablar sobre la idea de la maternidad. No todas las mujeres que abortan están rechazando, para toda su vida, la maternidad, pero la discusión sobre quién puede interrumpir un embarazo está atravesada por la idea de qué se espera de las mujeres cuando quedan embarazadas, de la imposición social de ser madres y la esperanza de que quieran serlo. Ahí cabe preguntarnos qué ocurre con quienes no quieren maternar, quienes no pueden hacerlo o quienes imaginan para sí una vida diferente. ¿Cuándo realmente es una elección y cuánto de ella se ha construido como mandato?

Maternidades imaginadas, libro editado por Olga Abarrán Caselles y Marina Bettaglio, resulta especialmente interesante para pensar estas preguntas. Aquí se indaga sobre las representaciones de la maternidad y en sus disidencias, poniendo en cuestión la maternidad impuesta, esta como núcleo dentro de una institución normativa de familia. Desde ahí, el debate sobre el aborto adquiere otra dimensión. Porque jamás se ha tratado solamente de decidir qué ocurre con un embarazo, lo que viene detrás y se oculta por un velo es la significancia de ser una buena mujer, una buena madre y tener, en su defecto, una vida considerada deseable.
El propio Estado chileno ha reconocido que la maternidad no puede ser una imposición estatal. En documentos oficiales, al explicar la Ley 21.030, se recoge incluso el criterio del Tribunal Constitucional de que la mujer embarazada no puede ser tratada como un instrumento para proteger al que está por nacer y que la maternidad es un acto voluntario.
Leer esas palabras hoy produce una pregunta inevitable: ¿qué significa defender la autonomía de una mujer si, al mismo tiempo, se crean nuevas condiciones para hacerla dudar, sufrir o desistir de una decisión personal que termina siendo médica y legal?
En la propuesta de “Escucha su corazón”, se busca literalmente intervenir en el terreno de las emociones. Porque escuchar un latido no es solamente recibir un dato médico. En el contexto de un aborto, es una experiencia cargada de significado. Y convertirla en una condición para acceder a una prestación legal supone que existe una emoción que el Estado considera deseable provocar.
Como ha señalado la Corporación MILES, esto resulta especialmente problemático en los casos de violación y en aquellos embarazos en que ya existe un diagnóstico de inviabilidad fetal, donde las mujeres pueden haber atravesado previamente ecografías, diagnósticos y procesos profundamente dolorosos.

A esta hora de la noche de Cecilia Fanti también se instala en ese territorio complejo de la maternidad y el cuerpo. Desde una experiencia profundamente personal, el libro pone en tensión las imágenes idealizadas de la maternidad, el imperativo de esta pues la lucha feminista para que sean las mujeres las que decidan sobre sus cuerpos es palpable en sus páginas. Al igual que todo aquello que suele quedar fuera de la experiencia, el miedo, el cansancio, la vulnerabilidad, y la ambivalencia.
Estos dos libros hablan de maternidad, desde el cuestionamiento de esta, no en términos esencialistas. Hablan de la maternidad y de la posibilidad de no explorarla como una experiencia atravesada por expectativas sociales, instituciones y mandatos y, sobre todo, por la dificultad de desobedecerlos.
Y aquí la discusión sobre el aborto vuelve a aparecer. La imposición de la maternidad ni siquiera comienza con un embarazo. Muchas veces empieza mucho antes, en las expectativas depositadas sobre las niñas, en la manera en que se educa a las hijas y en los modelos de feminidad que aprendemos a reproducir.
Porque para que la maternidad pueda ser verdaderamente una elección, también debe existir la posibilidad de no ser madre.

La revolución de las hijas de Luciana Peker, propone justamente mirar a las nuevas generaciones de mujeres y las transformaciones feministas que están cuestionando esos mandatos. El libro permite ampliar la conversación hacia las hijas que reciben un mundo construido antes que ellas y que comienzan a preguntarse qué quieren conservar y qué quieren transformar.

En Medea me cantó un corrido de Dahlia de la Cerda, también encontramos una escritura que se rebela contra las representaciones tradicionales de las mujeres y de aquello que se espera de ellas. Pues cada uno de los cuentos narra una experiencia abortiva de sus protagonistas que están basados en historias reales. La autora mexicana trabaja en la colectiva Morras help Morras, donde acompaña a personas gestantes para acceder a un aborto. Así, integrando un feminismo activista y la literatura, Dahlia logra trabajar con personajes que desbordan las imágenes convencionales de feminidad y maternidad. En La ejemplar tuvimos el honor de contar con la autora para la sesión de club de lectura y escuchar desde primera mano la experiencia que ha trazado la literatura de Dahlia de la Cerda.
Estas lecturas alumbran el camino en el que tenemos que seguir circulando ante la ineficiencia política y a propuestas como “Escucha su corazón”, que bajo la apariencia de información y consentimiento vuelven a poner en duda la capacidad de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos.
Al leer estas historias denotamos que no existe una sola de vivir la (no) maternidad, ni el deseo, ni menos el aborto o la pérdida. Una decisión puede ser compleja pero no tiene que dejar de ser propia, y ninguna emoción impuesta desde afuera debe reemplazar la voz de quién está atravesando esa experiencia.
Antes de decirnos qué escuchar, y qué sentir, deben empezar a escuchar lo que tenemos que decir.
Si necesitas más lectura y compañía para atravesar este tema, te dejamos algunas recomendaciones para seguir pensando, conversando y abriendo preguntas en torno al aborto y la maternidad. Porque un libro no entrega respuestas del todo, pero nos puede acompañar o hasta poner en palabras aquello que estamos sintiendo o lo que todavía intentamos comprender.
- ¿Y la guagüita pa cuando? de Cecilia Ananías. Editorial Tintapujo.
- Aborto libre. Materiales para la lucha y la discusión en Chile. VVAA. Editorial Polvora.
- La hija única de Guadalupe Nettel. Anagrama.
- Catedrales de Claudia Piñeiro. Alfaguara.
- Espuma de Ingrid Chabbert, ilustraciones de Carole Maurel. Planeta Cómics.
- Un libro de mártires americanos de Joyce Carol Oates. Alfaguara.
- Maternofobia: retrato de una generación enfrentada a la maternidad de Diana López Varela. Península.
- Y tú, ¿tan feliz? de Bárbara Carvacho. Caballo de Troya.
- Tres cuerpos salvajes de Eva Baltasar. Penguin Random House
Bibliografía
Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. Ley 21030.REGULA LA DESPENALIZACIÓN DE LA INTERRUPCIÓN VOLUNTARIA DEL EMBARAZO EN TRES CAUSALES. Promulgación: 14-SEP-2017. Publicación: 23-SEP-2017
https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1108237
Círculo de Estudios de Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Álvaro Gonzalez Silva. “Proyecto de ley ‘Escucha su corazón’: coacción estatal disfrazada de consentimiento en la ley de tres causales”. 11 julio, 2026.
Columna de Lidia Casas y Claudio Fuentes (ICSO UDP): Percepciones sociales sobre el aborto en Chile. 13 enero, 2025.
Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género. Siete años de la Ley IVE: 85% de las mujeres y niñas en alguna de las tres causales han decidido interrumpir su embarazo. 13 septiembre, 2024.
https://minmujeryeg.gob.cl/?p=54721
Políticas de control de natalidad y planificación familiar en el siglo XX. Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile.
https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-100730.html