Marta Brunet: la pluma que forjó la literatura chilena del campo y la ciudad

Marta Brunet: la pluma que forjó la literatura chilena del campo y la ciudad

Hoy, sábado 9 de agosto, celebramos el nacimiento de Marta Brunet, una de las voces más singulares y potentes de la narrativa chilena del siglo XX. Su obra, marcada por una sensibilidad aguda y una mirada crítica, abrió camino a nuevas formas de representar la vida rural —y más tarde, la vida urbana— con una fuerza que aún resuena en la literatura contemporánea.


Nacida en Chillán en 1897, Marta Brunet creció entre campos y libros. Su infancia, marcada por la enfermedad que le provocó una sordera progresiva, fue también un tiempo de lectura voraz y observación aguda del entorno. Su madre, culta y viajera, fue una influencia decisiva: le enseñó francés y la acompañó en un viaje formativo por Europa que sería crucial para su estilo literario.


Su primera novela, Montaña adentro publicada en 1923, sorprendió por su madurez narrativa y por la dureza con la que retrataba la vida rural, muy lejos de las idealizaciones costumbristas que dominaban en ese entonces. En esta obra no hay campos idílicos ni campesinos felices, sino que hay mucho territorio lleno de tensiones, violencias y cuerpos trabajados por la tierra y vidas marcadas por la desigualdad. Irrumpe así con una voz crítica, profundamente literaria y a la vez comprometida con el retrato honesto del mundo que conocía. 

Durante su carrera, Brunet transitó desde ese realismo rural inicial hacia una narrativa más centrada en lo urbano, lo íntimo y lo psicológico. Obras como sus cuentos reunidos en Cuentos para Marisol (1938) Aguas abajo (1943), y Humo hacia el sur (1946), dan cuenta de esta evolución. Explora las relaciones humanas, los mandatos de género, las pasiones reprimidas y los conflictos sociales con una mirada tan crítica como elegante.


Esta transición se percibe con más fuerza en 1946, año en que publica dos de sus textos más importantes; Humor hacia el sur y La mampara. Este último, es una breve novela, lejos de la extensión panorámica de sus novelas rurales, aquí la escena se centra en un espacio familiar, cuenta la historia de tres mujeres que tras la muerte del padre y marido deben recomponer su vida en la ciudad. 


Este giro más intimista y moderno de Marta Brunet continúa también sus escritos periodísticos. Este oficio la acompañó prácticamente toda su vida. El premio Nacional de Literatura, que recibió en 1961, contribuyó muchísimo a la difusión de sus cuentos y novelas, pero también a poner en valor su voz como cronista y reportera. A través del periodismo, Marta se mantuvo muy cercana a los debates, a las figuras controversiales de Chile del siglo XX, como también a las transformaciones del país.

En la editorial La Pollera podemos encontrar esta faceta de la autora de los Cuentos para Marisol, donde se publicó Crónicas, columnas y entrevistas, de Marta Brunet en el 2019 y después de tres años, en el 2022, se publicó una nueva edición del libro, esta vez con más material encontrado, que se tituló Rodar tierras, aquí se reúne una valiosa selección de sus textos periodísticos publicados en los diarios El sur entre 1927 y 1930, como también sus textos en la revista Familia y sus columnas en el diario La hora y la revista Repertorio Americano. Esta faceta muestra una autora aguda, comprometida con su tiempo y con una sensibilidad que siempre estuvo atenta a cada detalle del lenguaje. 


En Alrededor de una mujer, se reúnen las columnas publicadas entre 1935 y 1936 en la revista Ecran. En ellas la autora nadó contra el estereotipo femenino de la época que bebía del ideal norteamericano de la mujer como esta personaje frívola, chismosa, bella y doméstica. Y lo hizo a través de una columna semanal en la que perfiló a mujeres notables por su oficio, su pensamiento y su aporte a la sociedad, ofreciendo una visión alternativa y profundamente comprometida con reconocer la trayectoria de ellas. Eligió a más de cuarenta mujeres, entre ellas María Luisa Bombal, Gabriela Mistral, Amanda Labarca, Rebeca Matte y María Monvel. Lejos del tono condescendiente, Brunet construyó verdaderos homenajes literarios, donde el respeto, la admiración y la agudeza crítica se entrelazan para rescatar figuras femeninas claves de la cultura chilena y latinoamericana.

En un medio literario dominado por voces masculinas, Marta Brunet supo abrirse paso con carácter. Fue Premio Nacional de Literatura en 1961, y embajadora cultural de Chile en varios países, pero como tantas autoras de su tiempo, también fue desplazada del canon, olvidada en muchas lecturas escolares, y hoy apenas leída por fuera de los círculos especializados. Por eso hoy, a más de un siglo de su nacimiento, queremos volver a leerla. Volver a escuchar esa voz que fue capaz de incomodar y conmover con sus mundos llenos de observaciones. 


Leer a Marta Brunet es abrir una puerta a las tensiones históricas de Chile, pero también a las complejidades del deseo, de la libertad, de la escritura misma. Es una invitación a mirar con otros ojos los relatos que heredamos, y a reconocer en su obra una raíz poderosa de la literatura escrita por mujeres en nuestro país.


Este sábado celebramos a Marta Brunet leyendo su obra. Porque sin ella, la literatura chilena sería otra. Y porque su voz —fuerte, incómoda, lúcida— sigue hablando con fuerza en nuestro presente.

 

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