LUX y el misticismo de Simone Weil

LUX y el misticismo de Simone Weil

Hay artistas que, más que componer, parecen hacer preguntas. Rosalía es una de ellas, en su nuevo disco —que oscila entre plegaria y el desgarro— la catalana se adentra en una búsqueda espiritual que no tiene tanto que ver con una fe institucional como con el temblor interior de quien quiere comprender el mundo desde la herida. No hay respuestas, solo tensión constante entre el cuerpo y lo divino. Materia y deseo. 

Rosalía volvió con su nuevo álbum LUX, su cuarto álbum tras el exitoso Motomami (2022). La exuberancia performática del álbum del 2022 queda atrás para abrir un territorio más espiritual. En este trabajo presenta una apuesta radical, pues reinventa su música, va más allá del pop, el flamenco, o los ritmos urbanos para adentrarse en un territorio nuevo que están llamando música de lo sagrado o pop sacro. 

Con este disco la cantante parece dar un paso resuelto desde su figura como estrella del pop hacia una oráculo artístico, una artista que se plantea ya no tanto ¿qué single saco? sino ¿qué pregunta lanzo al mundo? La puerta de acceso simbólica al universo que se construye en este álbum se lee, curiosamente, a la luz de Simone Weil con la siguiente cita: “El amor no es consuelo, es luz”. Esta es una referencia directa a la filósofa, activista política y mística francesa, cosa que no es casual, ya que Rosalía la toma como eje para su nuevo disco, ya que Weil entendía el amor no como refugio emocional sino como una exigencia moral, una forma de atención hacia el otro y hacia el mundo. 

En el disco, Rosalía parece moverse en esa dirección, sus letras con una rendición más que una afirmación, un abandono al ego para rozar algo que trasciende la lógica de lo humano. Y para hacerlo, nos da como referencia a una de las pensadoras más intensas y enigmáticas del siglo XX. Nacida en París en 1909, de familia judía agnóstica, Weil fue obrera, filósofa y activista política. Pasó por los grandes debates de su tiempo —el marxismo, el pacifismo, la fe— sin quedarse en ninguno. Se unió a los trabajadores en las fábricas para comprender el sufrimiento de los cuerpos explotados, participó en la guerra civil española como voluntaria en la Columna Durruti y perteneció a la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Más tarde se acercó al cristianismo, aunque nunca quiso bautizarse, su pensamiento se movía en los márgenes de toda institución. Murió joven, a los 34 años, debilitada por el hambre y la tuberculosis, fiel a una ética radical del sacrificio y la atención. 

Para Simone Weil, la atención es una forma de oración, mirar el mundo sin apropiarse de él, abrirse a lo real, lo tangible, sin el deseo de dominarlo. “La atención, absolutamente pura, es oración”. escribió en unos de sus fragmentos más conocidos del libro La gravedad y la gracia, publicado en 1994, que contiene lo esencial de sus cuadernos redactados en Marsella. Este libro es su corazón espiritual, por algo es el que elige Rosalía para referenciar su pensamiento, aquí, reflexiona sobre el mal, la atención, y la belleza. En ese gesto, de percibir abiertamente, es algo que podemos leer en estas nuevas canciones, una entrega que no busca consuelo, sino comprensión. La artista no canta desde la seguridad de quien sabe, sino desde la fragilidad de quien pregunta. Weil creía que solo en el desarraigo se podía acceder a la verdad, que la plenitud no llega acumulando, sino al contrario, vaciándose. Y eso nos resuena en este disco, una figura que renuncia al artificio para volver a su voz, a sus creencias, a sus temblores. El amor, en ambas, se lee no como refugio ni promesa de felicidad, sino una forma de lucidez. 

El disco, entonces, se puede escuchar como una especie de diario espiritual contemporáneo. Un recorrido donde lo humano se enfrenta a la divinidad, se comprenden los límites del deseo, el amor y la pérdida. Y así es como Rosalía continúa un diálogo con Simone Weil, dos mujeres que, separadas por un siglo, comparten muchas preguntas, como qué queda del alma cuando el mundo se vuelve demasiado material. 

Para quienes quieran entrar al pensamiento de Simone Weil, hay cinco libros esenciales que permiten comprender la raíz de su pensamiento y su posible eco en la música y el arte actual: 

La gravedad y la gracia 

Este libro es una recopilación de fragmentos de cuadernos de la autora que llevaba consigo a lo largo de su vida, donde reflexiona sobre el mal, la belleza y la gravedad. Distinguiendo la gravedad como la fuerza que arrastra todo hacia abajo, hacia el ego, la necesidad y la posesión y la gracia, que actúa en sentido contrario, elevando, liberando. Leerlo es asomarse a un pensamiento místico sin dogmas, donde la fe es una forma de mirar el mundo con extrema compasión. 

Hacer la guerra 

Este volúmen recoge textos políticos de Weil sobre la violencia, la opresión y el papel del individuo frente a las estructuras de poder. Denuncia cómo la guerra, incluso cuando se libra en nombre de la justicia, tiende a reproducir las lógicas del mal que pretende vencer. Leer este libro es muy necesario en nuestra contemporaneidad que viven entre tanta violencia, real y simbólica. 

El deseo 

Esta edición es una antología que reúne escritos breves sobre el deseo y el amor como forma de conocimiento. Weil entendía el deseo no como carencia, sino como tensión hacia lo absoluto, una energía que nos empuja a trascender. En estos textos la autora parece rozar la poesía y describe el deseo como aquello que le da movimiento al alma hacia algo que nunca se alcanza del todo, pero que da sentido a la búsqueda. 

La Ilíada o el poema de la fuerza

Un ensayo deslumbrante donde Weil interpreta el poema homérico no como un canto heróico, sino como una tragedia sobre la deshumanización que produce la violencia. Para ella “la fuerza” es aquello que convierte a las personas en cosas, el poder que anula el alma. Leer este libro es adentrarnos en su capacidad de leer la literatura como un espejo de algunos sufrimientos humanos. 

El poder de las palabras 

Una reflexión sobre cómo el lenguaje puede convertirse en instrumento de dominación o de verdad. Este libro se inscribe en ensayos clásicos como El poder y la palabra de Orwell para examinar cómo las palabras cuando se vacían de sentido, pueden usarse para justificar cualquier acto. Pero también, cómo usadas con atención y cuidado, pueden ser vehículo de nuestra comunicación, como lo nombra ella, un “vehículo de gracia”. En tiempos donde el discurso político se degrada con rapidez, su lectura es casi urgente. 

 

Simone Weil entendía el pensamiento mismo como un acto de amor. Rosalía desde otro territorio, sonoro, más eléctrico, más cuerpo que teología, parece seguir ese mismo impulso. En LUX, su voz se transforma en una luz encendida en medio del ruido, una búsqueda de claridad entre la materia y el espíritu, el beat y la plegaria. Lo que Weil encontraba en el silencio como vía hacia la gracia, Rosalía encuentra en el ritmo una forma de atención, ambas, a su manera convierten el deseo en pensamiento. Y tal vez, esa es la lectura más luminosa que nos da este álbum, que el arte, ya sea en un aforismo o en un temazo, puede ser también una forma de tocar lo divino. 



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2 comentarios

Gracias gracias gracias! Cuando escuchas LUX, queda la pregunta de donde se inspira Rosalía, qué la motiva y cuál podria ser el siguiente paso, y ustedes, como siempre, están un paso adelante llevando la reflexión a literatura, motivando a nuevas búsquedas.

Fernanda

Gracias gracias gracias! Cuando escuchas LUX, queda la pregunta de donde se inspira Rosalía, qué la motiva y cuál podria ser el siguiente paso, y ustedes, como siempre, están un paso adelante llevando la reflexión a literatura, motivando a nuevas búsquedas.

Fernanda

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