Leer con preguntas: Chimamanda Ngozi Adichie hoy
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Este lunes 15 de septiembre celebramos el cumpleaños de Chimamanda Ngozi Adichie (1977), una de las escritoras africanas más reconocidas a nivel global. Nacida en Enugu, Nigeria, y criada en Nsukka —en la casa que alguna vez habitó Chinua Achebe, padre de la novela africana moderna—, Chimamanda creció en un entorno donde la literatura y la historia se entrecruzaban. Su infancia estuvo marcada por los relatos de la guerra de Biafra, conflicto que años más tarde sería el núcleo de una de sus novelas más potentes, Medio sol amarillo. Escritora, ensayista y oradora, su voz se ha convertido en un referente ineludible tanto en la literatura contemporánea como en el debate público sobre feminismo, género, raza y poder.

Desde su primera novela, La flor púrpura (2003), hasta obras tan potentes como Medio sol amarillo y Americanah, Chimamanda ha narrado con fuerza y sensibilidad las realidades de Nigeria y de su diáspora. Consolidando su carrera literaria en torno a novelas que abordan la intimidad de la vida familiar, la identidad y los cruces de migración y ensayos feministas que exploran lo que significa ser mujer en esta sociedad.
Sus ensayos, como Todos deberíamos ser feministas y Querida Ijeawele, han inspirado a millones de lectoras y lectores en todo el mundo, acercando el feminismo a nuevas generaciones con un lenguaje claro, directo y profundamente humano. Se convirtió en un referente de la conversación global sobre feminismo, llegando incluso a colegios, clubes de lectura y charlas TED. En su libro Sobre el duelo, aborda la pérdida con honestidad, sensibilidad y compasión compartiendo su experiencia personal al transitar el duelo por la muerte de su padre. Y en El peligro de la historia única reflexiona sobre la importancia de múltiples perspectivas para entender la complejidad de la experiencia humana. Con esta mirada humana, su obra permite acercarse a experiencias profundas y universales, reflexionar sobre la resiliencia y acompañar a quienes buscan comprender y atravesar el dolor. En menos de dos décadas, pasó de ser una joven estudiante de escritura creativa a una voz central en el panorama literario y feminista internacional.

Pero junto a la celebración de su trayectoria, hoy resulta necesario abrir espacio a la reflexión. En los últimos años, Chimamanda ha protagonizado controversias significativas. Sus declaraciones sobre las personas trans han sido señaladas como transfóbicas, al marcar una distinción tajante entre mujeres cis y trans que contradice las luchas por un feminismo interseccional e inclusivo. Estas palabras abrieron un debate fuerte: ¿cómo dialogan sus aportes al feminismo con la exclusión explícita de ciertas identidades?
A esto se suma otro tema que no puede pasar desapercibido: la revelación de que recurrió al embarazo subrogado para tener hijos. Aquí la discusión se complejiza aún más. Por un lado, Chimamanda es una mujer negra africana, proveniente de un contexto atravesado por el colonialismo, la desigualdad y las expectativas tradicionales sobre la maternidad. Pero al mismo tiempo, es una intelectual con impacto global con gran poder adquisitivo que accede a una práctica profundamente cuestionada desde perspectivas feministas y éticas: la subrogación como un mercado donde mujeres, usualmente más pobres, ponen sus cuerpos en función de los deseos reproductivos de otras personas.
Frente a estos temas podemos plantearnos las siguientes preguntas; ¿Cómo leer esta decisión en el marco de su obra? ¿Qué significa que una autora que tanto ha reflexionado sobre el poder, las jerarquías y las desigualdades, ejerza su propio privilegio económico en un ámbito tan sensible como la maternidad? ¿Qué tensiones se generan cuando una escritora que denuncia opresiones reproduce, quizá sin proponérselo, relaciones desiguales de clase y de género a escala global?
Este dilema recuerda al planteamiento del libro Monstruos de Claire Dederer, donde la autora se pregunta si es posible o incluso legítimo separar la obra de sus autoras/es, de sus actos y posturas personales. Dederer revisa casos polémicos —desde directores de cine hasta autoras, músicos— para indagar en esa incomodidad que sentimos al leer o escuchar a alguien que admiramos, pero cuyas acciones contradicen nuestros valores. Traer este debate al caso de Chimamanda abre un espacio fértil: ¿podemos seguir abrazando su literatura y sus ensayos feministas mientras cuestionamos sus posiciones más problemáticas? ¿O debemos aprender a convivir con la contradicción y leer desde la incomodidad?

La vigencia de este debate se conecta con el hecho de que Chimamanda sigue publicando y siendo ampliamente leída. Su libro más reciente, Unos cuantos sueños, publicado diez años después que su última novela, explora la historia de cuatro mujeres, cuyas vidas están marcadas por diferentes ámbitos en los cuales justamente son diferentes. Una escritora nigeriana en Estados Unidos que vive encerrada en la pandemia, una exitosa abogada que se vuelve madre soltera, una becaria que investiga sobre la pornografía y una ama de llaves que trata de recobrar su dignidad tras una terrible agresión sexual. La aparición de este título invita a pensar en cómo leemos a una autora que, pese a las controversias, continúa ofreciendo historias que conmueven y generan conversación. Tal vez la pregunta no sea solo si debemos o no separar la obra de la vida de quien la escribe, sino cómo aproximarnos a estos nuevos textos con la conciencia de que llevan consigo tanto la potencia de su voz, como las contradicciones que la rodean.
Desde la librería seguimos ofreciendo los libros de Chimamanda porque son parte del diálogo literario contemporáneo, y no por eso dejamos de preguntarnos qué significa leerlos hoy, con todo lo que implican sus posturas y decisiones personales. Tal vez, más que elegir entre cancelar o venerar, el desafío sea leer con preguntas, dejar que sus contradicciones iluminen también las nuestras y lograr así abrir conversaciones que incomoden, pero que nos hagan pensar más a fondo qué esperamos de las autoras que leemos, y de nosotras mismas como lectoras.
Es indudable su talento literario y el impacto transformador de sus textos en millones de lectoras y lectores, especialmente en mujeres jóvenes que encontraron en sus palabras una entrada poderosa al feminismo. Como también es cierto que, como mujer negra con acceso a una élite cultural y económica, sus decisiones reflejan los dilemas de clase y de poder que atraviesan el movimiento feminista global.
Por esto, celebrar su cumpleaños implica celebrar sus libros, pero también atrevernos a abrir estas preguntas.