Las brujas: genealogía de una figura temida por el patriarcado

Las brujas: genealogía de una figura temida por el patriarcado

La figura de la bruja ha sido, a lo largo de los siglos, una de las más temidas y fascinantes de la historia. Mujer sabia, curandera, hereje, víctima o vengadora, su imagen cambia según quién la mire. La literatura contemporánea y los estudios históricos la recuperan no sólo como símbolo de lo oculto, sino como emblema de resistencia, de conocimiento silenciado y de autonomía.

La historia de las brujas está profundamente ligada a los procesos sociales y religiosos de la Europa moderna. Entre los siglos XV y XVII, la expansión del cristianismo junto a la consolidación del estado, impusieron un control cada vez más estricto sobre el cuerpo femenino. Los juicios por brujería surgieron como una forma de disciplinar a quienes se consideraban peligrosas: mujeres acusadas de practicar magia, de pactar con el diablo, de curar con hierbas y desafiar así el orden establecido. Tal como explicó Silvia Federici en Calibán y la bruja, las acusaciones de brujería se relacionaron directamente también con el castigo a la sexualidad femenina. “La caza de brujas —escribe— configuró una transformación de la actividad sexual femenina en un trabajo al servicio de los hombres y de la procreación”. La represión de los saberes considerados “impropios” —como la medicina, la partería o el conocimiento de las plantas— fue parte de ese proyecto de control social y económico sobre el cuerpo de las mujeres. 

Cuando comenzó la colonización en América, esa lógica de persecución cruzó el Atlántico. Las autoridades eclesiásticas y civiles trajeron consigo la idea europea de la bruja, pero en este territorio se mezcló con los sistemas de creencias indígenas. Las acusaciones de hechicería o idolatría sirvieron para imponer el orden colonial y cristiano, castigando las prácticas que escapaban de él. Las Machis, las curanderas, las adivinas o las mujeres que mantenían vínculos con lo espiritual fueron perseguidas no sólo por su poder simbólico y práctico en sus comunidades, sino porque representaban una continuidad cultural que el colonialismo buscó borrar. 

El trabajo que tenía el conquistador era dominar los territorios desconocidos, muchas veces mediante la violencia. La llamada “evangelización” implicó someter a los pueblos originarios junto a sus creencias, sus formas de entender la salud y el cuerpo. En Chile, la Araucanía siempre fue un territorio que los españoles quisieron, pero que no pudieron dominar por completo, viéndose derrotados muchas veces por el pueblo Mapuche. En ese proceso de guerra y contacto, los colonizadores aprendieron a reconocer en el lonko, la figura del líder militar y en la Machi, a una figura incomprensible, a la vez médica y espiritual, pero para sus ojos una presencia “maligna”. Por esto, para someter a las comunidades, tuvieron que emplear los mismos miedos de Europa, desarrollando así un proceso paralelo a la caza de brujas. La Machi, como la bruja europea, fue vista como portadora de lo “maléfico” y por tanto, una amenaza al orden colonial de los ibéricos. 

En el imaginario popular latinoamericano, la figura de la bruja no desapareció. Aparece en los relatos orales, en los mitos rurales, en los cantos y en las leyendas de los pueblos. En Chile, México, Perú, Argentina o Brasil, las brujas adoptan nombres locales, conservan rasgos indígenas o afrodescendientes y actúan como guardianas de la memoria. No son únicamente figuras del mal, sino también de conocimiento, de mediación con lo invisible, de resistencia frente a una historia impuesta desde fuera.

Hoy, en la literatura, la bruja reaparece como símbolo de ese cruce entre violencia y saber. Representa tanto la herencia de los siglos de persecución como la potencia de los saberes populares y femeninos. Leer sobre ellas, desde Europa hasta América Latina, es recorrer un hilo continuo de poder, silencio y supervivencia. Los libros reunidos en este blog —de Howe, Carreras Tort, Schiff, Federici, Galchen y Vidal— permiten entender cómo el mito se reescribe desde distintos contextos y cómo sigue interrogando nuestras formas de creer, temer y narrar.

Estos seis libros recorren distintas formas de ese hechizo, desde los juicios en Salem a la imaginación moderna, de las acusaciones reales a las metáforas del presente. 

El libro de las brujas de Katherine Howe

Este libro nos adentra a un recorrido fascinante por los siglos de persecución y superstición, contado por una historiadora que también es descendiente de una de las mujeres acusadas en Salem. Howe reúne testimonios, documentos y leyendas, pero también reflexiona sobre cómo la figura de la bruja ha mutado en la cultura popular. De las hogueras al cine, del mito al feminismo, este libro funciona como un grimorio cultural que invita a mirar con nuevos ojos aquello que alguna vez se llamó “hechicería”.

Vienen de noche de Júlia Carreras Tort

Con una voz que mezcla rigor histórico y una sensibilidad narrativa, Júlia Carreras recorre tradiciones, testimonios y reflexiones etnográficas sobre la figura de la Bruja. La autora es filóloga e investigadora en folklore y etnobotánica y en este libro logra combinar su trabajo documental junto a aproximaciones culturales para reivindicar prácticas, saberes, y máscaras que históricamente han sido señaladas como “otras”. 

Las brujas. Sospecha, traición e histeria en Salem, 1692 de Stracy Schiff

Una investigación monumental que devuelve complejidad y humanidad a uno de los episodios más oscuros de la historia estadounidense. Schiff reconstruye el caos social y psicológico de Salem con detalle casi novelístico, mostrando cómo el miedo puede volverse epidemia. A través de juicios, confesiones y rumores, el libro revela que la verdadera brujería estaba en la mente colectiva, en la histeria que transformó a vecinas en enemigas y a niñas en verdugos.

Calibán y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria de Silvia Federici

Este es un libro fundamental para comprender la relación entre el surgimiento y establecimiento del capitalismo y la persecución de las mujeres. La autora muestra cómo la caza de brujas fue un proceso económico y político, posicionándose así como una forma efectiva de domesticar cuerpos, disciplinar el deseo, y someter la reproducción a la lógica del trabajo y la propiedad. 

Todo el mundo sabe que tu madre es una bruja de Rivka G. Galchen

Galchen revisita el mito desde la ironía y la inteligencia. Inspirada en un caso real del siglo XVII, la autora convierte la persecución de una mujer mayor, Katharina Kepler—madre del astrónomo Johannes Kepler— en una fábula sobre la manipulación, la superstición y el absurdo de la persecución. Con humor y lucidez, la novela muestra que el fuego de las hogueras sigue encendido, aunque cambien los tiempos y los escenarios.

Tiemblen, las brujas hemos vuelto de Yanina Vidal

Este libro, Premio Nacional de Ensayo el año 2019 en Uruguay, traza un puente entre la caza de brujas de la edad moderna y las luchas feministas actuales. La autora analiza cómo las imágenes y las metáforas de la bruja se reactivan en los discursos contemporáneos sobre el poder y la sexualidad femenina. Su impactante ensayo combina historia, teoría y activismo y propone pensar la brujería como una genealogía de resistencia frente al patriarcado. Tiemblen, escribe, no como amenaza, sino como advertencia de que las voces que intentaron apagar siguen hablando. 

Leer sobre las Brujas es leer sobre las formas en que el poder intenta nombrar y domesticar lo desconocido. Estas obras abren un espacio donde la sospecha se transforma en castigo y los conocimientos en algo por perseguir. La palabra Bruja a través de la historia se usó para apuntar a una misma figura: la mujer que piensa por sí misma. 

Leerlas juntas es asistir a un aquelarre literario donde la historia, la ficción y la memoria se mezclan. Entre cada uno de estos libros arde una pregunta antigua y que aún sigue vigente: ¿qué teme la sociedad cuando teme a las brujas? 

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