El poder de la palabra frente a la censura

El poder de la palabra frente a la censura

Este mes en La ejemplar, tenemos el honor de leer, en su primera traducción al español, una novela distópica en torno al poder de la lectura, La biblioteca del censor de libros de Bothayna Al-Essa. Autora árabe contemporánea que fue finalista en 2024 del National Book Award (EE.UU) y fue galardonada con el premio Sharjah a la Creatividad Árabe (EAU). En esta novela conforma una distopía que logra mezclar la atmósfera inquietante de los grandes clásicos de su género, junto a un apasionado homenaje a los libros. 

Esta fue escrita en el contexto de censura que se vive en Kuwait, su país natal, donde entre los años 2014 y 2021 el Ministerio de Información prohibió más de 5 mil libros, entre ellos clásicos, literatura infantil y novelas árabes contemporáneas. El mecanismo era simple; cada obra debía pasar por un comité censor que evaluaba que su contenido era “contrario a la moral, a la religión o a la seguridad nacional”. Este clima de represión cultural forma parte de una larga historia de censura en el mundo árabe, pero no es exclusivo en esa zona del mundo ni de un período específico, aún cuando solemos relacionarlo solo con regímenes totalitarios. 

A principios de este año la prohibición de libros volvió a ser noticia en EE.UU donde en Utah se aprobó la ley estatal que suprime el “material sensible” de las salas de clases y bibliotecas.  Estas iniciativas no son aisladas, pues en 2022 la American Library Association registró más de 2500 intentos de censura, la mayoría contra libros que tratan temas de género, diversidad sexual o racismo. Lo que nos muestra que incluso, en democracias que se autodefinen como defensoras de la libertad, la escuela y la biblioteca se transformaron en escenarios de disputa ideológica. Y así tenemos muchos ejemplos cercanos de la historia de la censura.

En Chile también conocemos de cerca estos episodios. Durante la dictadura militar se prohibieron y retiraron de circulación decenas de títulos considerados “subversivos”, entre ellos obras de Isabel Allende, Marta Brunet o Rosa Luxemburgo. El decreto N° 280 de 1973 incluso estableció la incautación y quema de libros vinculados al marxismo y a editoriales como Quimantú, que había democratizado el acceso a la lectura en los años previos. Esa herida en la memoria cultural chilena nos recuerda que la censura no es una realidad lejana ni ajena, sino parte de nuestra propia historia reciente. 

Aunque la censura lamentablemente es tan antigua como la escritura, sus objetivos han cambiado a lo largo de los siglos. En algunos momentos buscaba preservar la unidad religiosa, en otros imponer una moral determinada, controlar el debate político o incluso limitar el acceso al conocimiento científico. Lo constante ha sido la percepción de que los libros poseen un poder transformador, capaz de cuestionar el orden social establecido. 

Las distopías literarias han explorado precisamente este miedo al poder de la palabra. Bothayna Al-Essa se inscribe en una tradición de grandes clásicos de la literatura que ella misma menciona en su novela y hace parte de su imaginario. Desde 1984 de George Orwell con su manipulación de la verdad y del lenguaje hasta Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, donde se queman libros para mantener la ignorancia de la población. Ambas obras dialogan junto a Bothayna Al-Essa con la pregunta sobre el control. Fahrenheit 451 ha sido adaptada varias veces al cine, la más icónica fue la película por Fraçois Truffaut en 1966 y la última fue por Ramin Bahrani en 2018, para HBO con Michael B. Jordan. Muy en diferentes estilos, pero logran conservar el núcleo de la distopía, la lucha entre el fuego que destruye y la memoria que resiste. 

La biblioteca del censor de libros de Bothayna Al-Essa, nos sitúa en un futuro cercano donde el estado controla los libros, la tv, y no permite el acceso a internet liberado para todos. En este escenario nos presenta un censor de libros, quien trabaja en un edificio estatal y tiene la misión, junto a su equipo de otros censores de vigilar y revisar lo que se ha publicado y lo que se publica, decide qué puede circular y qué debe ser destruido. Su vida, marcada por la obediencia de las normas y el miedo a desafiar el orden establecido, empieza a transformarse cuando entra en contacto con algunos de los mismos libros que debía prohibir. A través de esta tensión, la novela despliega una reflexión sobre la relación entre poder y lectura y la fuerza subversiva que puede encerrar una biblioteca secreta. 

Hay un libro en particular que marca un giro decisivo en el pensamiento del censor, ese que logra que el empiece justamente su biblioteca; Zorba, el griego de Nikos Kazantzakis. Esta obra publicada en 1946 y adaptada en 1964 por Mihalis Kakogiannis, narra la vida de un joven intelectual inglés que viaja a Creta para tomar posesión de una propiedad, una mina, que ha heredado. A tan solo llegar, antes de sumergirse en su lectura, entra al bar Alexis Zorbas, se presentan y este decide darle trabajo de capataz. Descubre en Zorba un carácter vitalista y de costumbres que le llaman la atención. La influencia de Zorba, con su filosofía de vivir intensamente y sin ataduras, resuena como contrapunto a la lógica de control para nuestro censor, y es presentado como la chispa transformadora de su vida. 

Al igual que este, existen muchos libros en torno a la fuerza de la lectura y cómo esta puede derribar sistemas. Un eco interesante aparece en El cuento de la criada de Margaret Atwood. Pues antes de convertirse en criada en el régimen de Gilead, June Osborne trabajaba en una editorial rodeada de textos que más tarde serían prohibidos, mutilados o destruidos por el nuevo orden. Ella encarna la experiencia de ese despojo absoluto, pues a las mujeres no se les permite ni siquiera mirar una página escrita. Esa memoria de un oficio vinculado a la escritura subraya el contraste brutal entre la libertad de leer y el silencio impuesto por la censura. Atwood recuerda que los regímenes autoritarios no solo buscan controlar los cuerpos, sino también las bibliotecas, los catálogos y hasta la posibilidad de imaginar otros mundos. Allí queda en evidencia cómo el acceso a los libros es inseparable de la autonomía, y cómo el Poder reconoce en la palabra escrita un arma demasiado peligrosa en manos de quienes desea someter.

En estos escenarios, creemos fundamental generar espacios donde la lectura sea un acto de resistencia y de encuentro. En La ejemplar proponemos no solo compartir miradas sobre un libro, sino también abrir una reflexión más amplia sobre el valor de leer en tiempos donde los intentos de censura, silenciamiento y control de la imaginación siguen vigentes. Será una oportunidad para pensar juntas y juntos qué significa defender la lectura hoy. El primer taller lo tendremos con la editora del libro, y el segundo lo tendremos con la autora del libro, Bothayna Al-Essa, el día sábado 11 de octubre, por lo que aún estás a tiempo de adquirir tu cajita de La Ejemplar #33

Te invitamos a sumarte, ser parte de la Ejemplar e integrarte a una conversación que cruza literatura, memoria y resistencia. 

 

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